Los ranúnculos son, sin duda, una de mis flores favoritas, de hecho, fueron una de las razones por las que comencé a cultivar flores. Siempre me parecieron preciosos, pero en mi ciudad no se encontraban; eran casi un lujo que solo se veía en Santiago (hablo de hace más de 10 años). Así que decidí cultivarlos yo misma.
Después de casi una década de experiencia, puedo compartir tanto los errores que he cometido como los mejores consejos para que también puedan disfrutar de su floración en primavera, una de las más hermosas de la temporada.
Estas flores destacan por sus delicados e innumerables pétalos dispuestos en una roseta compacta. Su apariencia recuerda a las rosas de jardín o a las peonías. Existen en una amplia gama de colores y, hoy en día, incluso hay variedades —como las italianas— con bordes contrastantes o centros verdes y texturizados.

Se propagan a partir de cormos (estructuras subterráneas similares a los bulbos). Alcanzan una altura de entre 25 y 40 cm, y son plantas que prefieren el clima frío, con una temperatura óptima de crecimiento entre 10 y 18 °C.
Según dónde vivas, puedes plantar los cormos en otoño o a finales de invierno/principios de primavera, idealmente en un lugar con pleno sol. En zonas de invierno suave, como la zona central o sur de Chile, es recomendable plantarlos en otoño y protegerlos con una malla antiheladas durante episodios de frío intenso (bajo -2 °C).
En zonas más frías, como el extremo sur, se aconseja plantarlos a finales del invierno o comienzos de primavera. Si los cormos se exponen a temperaturas inferiores a -4 °C, pueden congelarse y pudrirse al descongelarse, por lo que es fundamental protegerlos del frío extremo.
Cuando recibas tus cormos, notarás que son pequeños y poco llamativos, pero no te preocupes: de ellos surgirán flores extraordinarias.


Antes de plantarlos, te recomendamos hidratarlos en agua durante 3 a 4 horas a temperatura ambiente. Este proceso ayuda a “activar” el cormo. Es importante no exceder ese tiempo, ya que podrían pudrirse. Una vez hidratados, notarás que aumentan de tamaño, incluso duplicándolo. En este punto, puedes plantarlos directamente o realizar un prebrotado (pre-sprout), lo que permitirá adelantar la floración algunas semanas.
Para el prebrotado, necesitarás un recipiente con turba ligeramente húmeda (no en exceso, para evitar pudriciones). Coloca los cormos y cúbrelos completamente con más turba. Déjalos en un lugar fresco, como al aire libre bajo sombra. Revisa día por medio y humedece con un rociador cuando la turba comience a secarse. Después de 10 a 14 días, aparecerán pequeños brotes blancos: ese es el momento ideal para trasplantarlos.
Al plantar, incorpora compost o algún fertilizante natural al suelo y deja una distancia de 20 a 25 cm entre plantas. Ubica los cormos con las “patitas del bulbo” hacia abajo y asegúrate de que el suelo tenga buen drenaje, ya que no toleran el encharcamiento.
Luego de meses cuando comiencen a florecer, te recomiendo cortar algunas varas para disfrutarlas en el florero, esto evita que la planta produzca semillas y prolonga su floración, ya que dirige su energía a generar más flores. Cosecha cuando los botones estén suaves, con una textura similar a un marshmallow, pero aún cerrados. En este estado, los ranúnculos pueden durar más de 10 días en florero.
